Habitar el cuerpo: parte I
Durante la adolescencia es esperable que te hagas muchas preguntas sobre ti y sobre el mundo. El cuerpo no se escapa de esa exploración: es natural que cuestiones tu aspecto físico, lo que te gusta, lo que te hace sentir cómodo y lo que no va con tu forma de ser.
La apariencia puede influir en una primera impresión, pero no revela el carácter ni permite saber si alguien es seguro. Conocer a una persona requiere tiempo y también cuestionar nuestros propios prejuicios.
Te comparto algunas estrategias para construir una relación más respetuosa con tu cuerpo.
1. Haz una exploración agradable y tranquila.
Se vale explorar tu estilo con ropa, pelo o maquillaje. Haz de tu cuerpo un lienzo, no un examen que tienes que aprobar.
El movimiento y la alimentación pueden ayudarte a sentir energía, disfrute y bienestar; no deberían convertirse en castigo, compensación ni reglas rígidas para cambiar tu cuerpo. La OMS explica que una alimentación saludable admite muchas formas y depende de la edad, la cultura y el contexto.
2. Practica la neutralidad.
Si un día no te gusta lo que ves en el espejo, intenta la neutralidad. No tienes que amar cada detalle para respetar tu cuerpo. Si agradecer lo que hace tampoco te resulta posible, una frase como “este es mi cuerpo hoy” también es válida.
3. Mira la funcionalidad, no solo la estética.
Preguntarte por tu cuerpo no es solo pensar “¿cómo me veo?”, sino también “¿qué disfruto hacer?”. Elige movimientos o habilidades que te interesen —un deporte, un paso de baile, un instrumento—, con descanso y sin continuar por culpa cuando haya dolor, enfermedad o lesión.
4. Limpia tu espejo digital.
Ver repetidamente imágenes idealizadas o retocadas puede hacer que parezcan más comunes de lo que son y aumentar la comparación. Puedes dejar de seguir esas cuentas, marcar contenido como “no me interesa” o tomar descansos. UNICEF ofrece más pautas para hablar de imagen corporal en la adolescencia.
5. Observa si la preocupación empieza a interferir.
Seguir yendo a clases, viendo amigos o haciendo actividades no descarta por sí solo que necesites apoyo. Estas señales no son una prueba ni un diagnóstico, pero conviene hablar con un adulto de confianza si:
- Sientes que nada de lo que haces para verte bien es suficiente.
- La comparación, el espejo o pedir confirmación ocupan gran parte de tu tiempo.
- Tus hábitos de comida o ejercicio se vuelven rígidos, compensatorios o te hacen daño.
- Evitas personas, ropa, fotos, clases o actividades por la preocupación sobre tu apariencia.
Tu adolescencia debe ser una etapa para descubrir quién eres, no para castigarte por quién no eres.
Si quieres revisar otras señales y saber cuándo pedir ayuda, continúa con Habitar el cuerpo: parte II.
Fuentes consultadas
- Healthy diet — World Health Organization
- Teens and body image — UNICEF
Este contenido es informativo y no sustituye una valoración individual ni un servicio de urgencias. Consulta el aviso clínico y la política editorial.

