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Permiso para Fallar

Cuando Mentir Parece ser la Mejor Opción

Cuando Mentir Parece ser la Mejor Opción

En general, existe un consenso social bastante claro: “mentir no está bien”.  Este es un mensaje que recibimos desde muy pequeños y, sin embargo, la mayoría de las personas mentimos, ya sea para protegernos, evitar un conflicto, cuidar un vínculo, obtener algo que deseamos o para salir de una situación incómoda.   

La adolescencia es un momento de la vida en la que el uso de la mentira suele aumentar debido a dos factores principales.  Por un lado, alrededor de los 12 años, ya se tiene la capacidad de anticipar con bastante precisión cómo van a reaccionar los adultos, de ponerse en la mente del otro y construir un relato que resulte creíble. Por otro lado, crece la necesidad de tener espacios propios y de salir de la mirada constante de los adultos. Entonces, esta búsqueda de autonomía va a generar tensiones que, muchas veces, el adolescente va a encontrar cómodo y muy efectivo resolverlas a través de la mentira. 

Si bien hay situaciones cotidianas en las que una respuesta suavizada evita herir innecesariamente a otro, como cuando recibes un regalo que no te gusta y agradeces de todos modos, no todas las mentiras tienen esta ligereza y esta intención. Hay mentiras que responden a intereses egoístas, te ponen en riesgo o no te permiten sentirte bien con tus amigos o familiares.    

Este artículo no se trata de las llamadas “mentiras blancas” o de las mentiras esporádicas,  sino de cuándo mentir te puede traer consecuencias serias y/o empieza a convertirse en la estrategia principal para evitar cualquier incomodidad. En ese punto, la mentira deja de ser un recurso puntual y empieza a convertirse en un riesgo.

Y los riesgos son pocos, pero contundentes: 

- Las mentiras dañan la confianza. Eventualmente, las personas cercanas a ti se van a dar cuenta que mientes con frecuencia y van a empezar a dudar constantemente de tu palabra. 

- Las mentiras te dejan solo enfrentando problemas de gran magnitud. Mentir para evitar castigos puede llevar a que termines ahogado en situaciones que no puedes controlar. 

- Las mentiras lastiman a las personas, especialmente a las cercanas. A nadie le gusta sentirse engañado, manipulado o traicionado y estos sentimientos suelen aparecer cuando sabemos que nos han mentido. 

- Las mentiras impiden que los demás te conozcan de verdad. Si las usas para caer bien, no te estás mostrando tal cuál eres y todo lo que crezca alrededor de esas mentiras es falso por naturaleza. 

¿Cómo hacerlo distinto?

Si te descubres mintiendo con frecuencia, pregúntate “¿Para qué lo hago?” porque mentir no es un fenómeno único ni simple, sino que puede cumplir distintas funciones: algo estás evitando, protegiendo u obteniendo. Preguntarte qué intentabas cuidar, de qué tenías miedo o qué necesitarías para no mentir la próxima vez puede ayudarte a encontrar formas más sanas de relacionarte contigo y con los demás.

Te comparto algunas claves que te pueden ayudar a reflexionar, cuando hayas dado con la respuesta: 

  1. Si mientes para proteger tu intimidad: 

Muchas veces, la mentira aparece porque decir la verdad implica exponer algo de ti que deseas reservarte porque piensas que la otra persona no lo va a entender, te sientes vulnerable o quieres evitar un juicio. Sin importar la razón, tienes derecho a  reservarte tu mundo privado.

No todo lo que piensas, sientes o haces tiene que ser compartido, y puedes decidir cuándo y con quién hacerlo. A veces, tus padres pueden presionar para que hables porque recuerdan una etapa en la que les contabas todo y ellos podían orientarte. Es normal que ahora no te sientas igual de cómoda, pero es mejor poner límites de manera clara y respetuosa, en lugar de mentir. Prueba a decir que no quieres hablar de algo en ese momento o que necesitas tu espacio.

Al mismo tiempo, es importante diferenciar lo que puedes mantener en privado de aquello que sí conviene compartir. Cuando algo que estás guardando te genera miedo, inquietud, dudas o la sensación de que no es del todo sano, buscar a un adulto de confianza puede ser una forma de cuidarte mejor.

  1. Si mientes para obtener lo que quieres: 

A medida que creces, tus padres también están aprendiendo a adaptarse a tus nuevas necesidades, especialmente al deseo de pasar más tiempo con amigos y de moverte en espacios con menor supervisión. Esto suele despertar temores. 

Cuando sientes que la respuesta siempre es “no”, hablar desde lo que necesitas, en lugar de ocultar, puede abrir caminos. Explicar por qué algo es importante para ti y preguntar qué necesitan ellos para sentirse tranquilos es una forma de empezar.

Negociar no significa que siempre obtendrás un sí, en ocasiones, tus padres pueden considerar que aún no estás preparada para ciertas experiencias. Aun así, la negociación suele generar más confianza que la mentira.

  1. Si mientes para evitar un castigo o un sermón:

Es completamente natural sentir miedo a la reacción de los adultos cuando te equivocas, pero parte de crecer implica asumir la responsabilidad de tus actos. Decir la verdad, aunque cueste, siempre es la opción más inteligente: si a un error le sumas una mentira, el problema se duplica y la pérdida de confianza empeorará el castigo. Ten presente que los sermones y las sanciones son temporales, pero el impacto de ser descubierto mintiendo dura mucho más tiempo. Afrontar las consecuencias con honestidad demuestra madurez y puede acelerar el regreso a la normalidad. 

  1. Si mientes para encajar: 

Con los amigos, la mentira suele aparecer para evitar el rechazo, la burla o el temor a quedar fuera del grupo. Puede que te descubras exagerando anécdotas, inventando gustos o callando lo que realmente piensas. 

Sin embargo, construir relaciones basadas en personajes falsos no te permite conectar de verdad ni sentirte valorado por quién eres. Si no compartes un interés o desconoces un tema, no tienes que fingir, es más genuino hacer preguntas y mostrar curiosidad. 

No deberías ser igual al resto para ser aceptado, un grupo que te exige moldearte a su medida para pertenecer, no es sano. 

¿Cuándo puede ser una buena idea buscar apoyo psicológico?

Si sientes que la mentira se ha convertido en tu estrategia principal para lidiar con el día a día, o si te encuentras atrapado en situaciones que te generan demasiada presión, angustia o aislamiento, buscar orientación de un profesional te ayuda a entender qué está detrás del uso indiscriminado de esta estrategia: miedo, falta de habilidades, dificultades en tus relaciones.

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