Durante la adolescencia es esperado que te hagas mil preguntas sobre ti y sobre el mundo porque estás construyendo las bases de quién serás como adulto.  El cuerpo no se escapa de este escrutinio, es natural que cuestiones tu aspecto físico: lo que te gusta, lo te hace sentir cómodo y lo que definitivamente no va con tu forma de ser.

Y para nada son preguntas sin importancia porque, no hay que olvidar, que el cuerpo es la puerta de entrada al mundo interior de las otras personas. El cuerpo de los otros nos da pistas de cómo pueden ser y de si nos vamos a sentir seguros o no, interactuando con ellos. 

La manera en que nos vemos es una guía inicial para la interacción y esto no tiene nada de malo. Lo malo es quedarse con la fachada e ignorar otras características porque nos gusta o nos disgusta la apariencia de alguien.  

Entonces, como el cuerpo sí importa, te dejo algunas estrategias que te pueden servir para relacionarte con este de una manera sana. 

1. Haz una exploración agradable y tranquila.  

Se vale experimentar: Prueba con el maquillaje, cámbiate el corte de pelo, juega con la ropa. Has de tu cuerpo un lienzo.

Se vale buscar tu mejor versión: Ir al gimnasio, trotar, hacer pesas en casa para fortalecer tus músculos o buscar una alimentación sana son formas válidas de cuidar tu cuerpo.

Todo esto es válido siempre y cuando lo estés disfrutando y no se convierta en una obligación angustiante.

2. Practica la neutralidad.

Si un día no te gusta lo que ves en el espejo, intenta la neutralidad.  No se trata de amar cada detalle de tu cuerpo, pero sí puedes respetarlo: tu cuerpo es el vehículo que te permite reír, caminar y abrazar. Por ejemplo, pasa del «odio mis piernas» al «gracias a mis piernas puedo ir a donde quiero».

3. Mira la funcionalidad, no solo la estética.

Cuestionar tu cuerpo, no es sólo preguntarte «¿Cómo me veo?», es también preguntarte «¿Qué es capaz de hacer mi cuerpo?».  Ponte retos físicos, aprende una habilidad nueva -un deporte, un paso de baile, un instrumento-. 

Esto  aporta equilibrio entre  «cómo luce mi cuerpo» y «qué logra mi cuerpo».

4. Limpia tu espejo digital.

Tu algoritmo de redes sociales puede ser tu peor enemigo. Si solo ves cuerpos con filtros y retoques, tu cerebro creerá que eso es lo normal.

Puedes ponerte el reto de dejar de seguir cuentas que te hagan sentir insuficiente y, en su lugar, rodearte de diversidad. Ver cuerpos reales y diferentes ayuda a que tu cerebro se relaje.

5. Sé consciente de cuándo te estás poniendo en riesgo. 

Es normal que haya días en los que no te sientes del todo bien porque no te gusta lo que ves en el espejo, pero,  si a pesar de eso, sigues disfrutando de tus amigos y las actividades que te gustan, vas a tus clases y tu tristeza es algo pasajero, vas por buen camino. 

Las señales que pueden indicar que la estás pasando muy mal:

Sientes que todo lo que haces para verte bien es insuficiente.

Tus conductas han dejado de ser una exploración sana y se han tornado en costumbres que sabes que te hacen daño físico o emocional.

– Te alejas del mundo o dejas de hacer lo que amas porque te agobia tu apariencia.

Tu adolescencia debe ser una etapa para descubrir quién eres, no para castigarte por quién no eres.


Si te interesa conocer otras señales de cuándo la angustia por cómo te ves está tomando el control, revisa el artículo Habitar el Cuerpo: Parte II. 

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