Una combinación equilibrada de afecto y disciplina es la mejor receta para desarrollar en los niños su capacidad para solucionar problemas y enfrentar con valentía las situaciones que les generan temor.  

Los niños cuyos padres les brindan expresiones físicas y verbales de afecto,  son cálidos en el trato y responden adecuadamente a sus necesidades, son más propensos a resolver sus problemas de manera activa, en lugar de evadirlos o escapar de ellos. Esto se da por diversas razones:

– Una relación positiva aumenta en los niños su sensación de seguridad,  lo que los lleva a sentirse menos amenazados por situaciones estresantes.

– Los niños que tienen una relación positiva con sus padres tienden a recurrir más a ellos para que los ayuden u orienten en la resolución de sus problemas

– Los padres que responden adecuadamente a las necesidades de sus hijos generan en ellos confianza, la cual contrarresta emociones como el temor o la frustración, que suelen interferir con el afrontamiento activo de los problemas.

– Los padres sensibles y afectuosos suelen responder con mayor tranquilidad a los errores de sus hijos, lo que les facilita revisar juntos lo ocurrido y enseñar estrategias correctivas sin descalificar.

Adicionalmente, un estilo de disciplina que se caracteriza por ser consistente en las consecuencias frente a las faltas, le permite a los niños  predecir lo que sucederá en su entorno si se comportan de determinada manera. Esta previsibilidad favorece que se atrevan a poner a prueba diversas estrategias para resolver sus problemas, al tiempo que los hace más conscientes de sus éxitos y sus fracasos. Como resultado, se fortalece su sentido de logro y su propensión a intentarlo nuevamente en el futuro. 


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